Roberto Eulogio López, mas conocido como “Arbolito”. Según contó el propio protagonista, el apodo se lo colocó un hincha de Independiente Rivadavia, ya que atrás de uno de los arcos habían árboles y en los entrenamientos, cuando recién había llegado al club, todos sus remates iban a parar a ese lugar.
Nacido en San Nicolás,
provincia de Buenos Aires, se afincó en Lavalle. Allí jugaba en el Club Social y Deportivo David Crocco en los campeonatos Evita. En ese lugar fue donde fue observado por el
médico de Independiente Rivadavia el Doctor D’Acortá quien lo trajo al club sin
hacer inferiores y debutó rápidamente en primera a sus jóvenes 17 años.
Su debut oficial se dió aquel 26 de Febrero de
1956 frente al Atlético San Martín, en cancha de Guaymallén, por la segunda
fecha del Torneo Preparación, donde los azules triunfaron por
La crónica del Diario
Los Andes sentenció: “…en el segundo tiempo, mejoró el desplazamiento de los ágiles
azules, donde cobró perfiles destacados la figura de López, elemento que hizo
su debut en forma auspiciosa en el equipo del parque”.
Si bien la nota utiliza la palabra ágiles, ésta no fue la carácterística del “Arbolito”, sino un jugador implacable dentro del área, pelota que recibía la mandaba al fondo de las redes. Su juego siempre se caracterizó por ser tosco, rudimentario, sin juego asociado, pero letal y práctico cada vez que se lo buscaba, especialmente en el juego aereo, gran cabeceador.
A pesar de los 12 goles convertidos en su primer año, que incluyó su único poker oficial al convertirle 4 goles a Leonardo Murialdo (solo lo superó en un amistoso de 1961 ante el mismo rival, cuando le convirtió 5 goles en un mismo encuentro), al año siguiente prácticamente no fue tenido en cuenta para integrar el equipo titular durante el campeonato y por consiguiente no anotó goles oficiales.
Para 1958 alternó el puesto de centro delantero con Alberto “Mariposa” Ortiz, temporada en la que obtuvo 7 goles.
En 1959 comenzó su cosecha goleadora, que no bajaría de los dos dígitos por las siguientes 9 temporadas.
Emilio Fernández que
había sido contratado como centro delantero refuerzo, tuvo que correrse a la
posición de interior derecho para poder jugar ambos en el ataque.
En 1960, López y Manuel Barrionuevo, convirtieron 31 de los 60 goles que le dieron el campeonato a los Azules del Parque, luego de una sequía de 15 años. López dio ventaja aquel año, ya que su primer partido lo disputó el 4 de Junio cuando el campeonato ya disputaba su octava fecha.
En los siguientes años, con sus goles, contribuiría a lograr 5 títulos en 8 campeonatos (1960, 1961, 1962, 1965 y 1967) mientras que durante la semana se desempeñaba como empleado en el Banco de Londres.
En 1965 además de ser campeón consiguió ser el goleador del campeonato con 19 tantos. Esta distinción, lo llevó a integrar el Seleccionado Mendocino en que logró el título de Campéon Provincial.
Al año siguiente también disputó el Campeonato Argentino en donde los celestes se quedaron en la puerta de la consagración en aquella fase final disputada en casa.Su prolífica campaña goleadora aumentó en los siguientes dos años, con 24 y 21 goles, quedando sólo por detrás de Medardo Sosa en 1966 y cuarto en las posiciones en 1967).
Sin embargo su año mas irregular fue 1968. Durante esta temporada prácticamente no integró el equipo titular convirtiendo solo 2 goles en la liga.
Sin embargo Independiente Rivadavia al ser campéon 1967 y haber ganado al Atlético Argentino (ganador del Torneo de los Cuatro) logró el derecho de jugar el Torneo Regional.
Fue en este torneo que
el “Arbolito” descolló conviertiendo 7 goles en 4 partidos (3 en la ida de la
final en San Juan frente a San Martín - FOTO) y clasificando al equipo azul por
primera vez al Torneo Nacional.
Roberto López, El
Señor del Gol, se alejaba de la entidad del Parque siendo el máximo goleador de
la historia con 177 goles (3 en el Preparación, 167 en Liga y 7 en el
Regional).
En 1969 Hardán Curi, técnico del Deportivo Guaymallén, lo solicitó como refuerzo y fue cedido a préstamo a la entidad de Rodeo de La Cruz.
La campaña de los
tricolores no fue buena, ocupando la última posición de la tabla de posiciones,
pero gracias a los goles de López, evitó el descenso en el Reclasificatorio de
aquel año.
Para 1970 fue cedido a
préstamo a Huracán Las Heras, donde tuvo una fugaz participación. Dirigido por
Medardo Sosa, jugó su último partido en Liga Mendocina el 10 de Mayo,
ingresando desde el banco de suplentes por tercer partido consecutivo.
En 1971 quien consiguió el préstamo del gran goleador azul fue el Club Villa Atuel de San Rafael.
Aquella temporada la
“topadora roja” obtuvo el tercer puesto detrás del campeón Pedal y del Club San
Luis. Pero continuando con su mote de rompe redes, Lopez terminó siendo el
goleador del campeonato de la Liga Sanrafaelina con 13 tantos.
En Abril de 1968 el Diario Los Andes publicó el siguiente texto dedicado al goleador:
Siempre Azul, Siempre Ídolo
"Recibió oportuno pase de un compañero y decididamente penetró en
el área adversaria, desprendiéndose de su celosa marca con un hábil movimiento
de cuerpo descolocó al zaguero izquierdo que le salía el cruce y en el preciso
instante en que el custodio adversario le cerraba el ángulo de tiro, despidió
un suave remate y la pelota tomó contacto con la red.
El grito de gol llenó su cara y se prolongó en miles de gargantas
que entusiastas aclamaron su conquista. La concreción de Independiente Rivadavia,
el gol de Roberto López, se producía luego de intenso dominio y en las plateas
altas la emoción contenida por espacio de largos minutos se convertía en
indescriptible alegría.
Se apretó muy fuerte al racimo humano que corrió en su búsqueda el
frenético canto de su tribuna partidaria, le hizo vibrar en sus fibras más
íntimas y emprendió regreso al centro del campo.
En una tarde cualquiera, en una de esas en que el Estadio azul colmado de miles de simpatizantes de esa tradicional divisa explota en inenarrable júbilo cuando el popular “Arbolito” con su contundencia característica decide brillantemente una jugada de su equipo.
Y es cierto. Allí está su público ese inmenso soberano que lo erigió en auténtico ídolo ese agradecido pueblo que aprendió a quererlo defenderlo y admirarlo.
Sabía que tenía que llegar, debía demostrar a la crítica adversa,
al excepticismo de muchos, a propios y extraños la verdad de su fútbol,
traducido siempre en goles máxima emoción que depara el más popular de los
deportes. Y cimentó su trabajo en ponderable esfuerzo, en ferviente
voluntad, con vigor y fe para pesar decisivamente con su principal atributo:
presencia de gol.
Y allí está convertido en figura irremplazable, en ese indiscutido
pedestal tan difícil de alcanzar, sitial que espera al final del camino
recorrido como recompensa al sacrificio realizado al fervor demostrado al deseo
de no defraudar, a la ilusión de llegar, el sueño de triunfar.
Es pasado y es presente, y siempre será ejemplo de lo que se debe ser".
A continuación el desglose de sus tantos:

